Un cuadro y 15 versiones

“Como dice Aires Mateus, existen dos tipos de proyectos: los innovación y los de desarrollo

Hace poco escuché, en un interesante vídeo de Antonio García Villarán sobre el pintor surrealista Magritte, que el artista había desarrollado unas 100 ideas pictóricas a lo largo de su vida. Lo cual no quiere decir que haya pintado solo 100 cuadros, sino que a partir de 100 premisas, había explorado cada una de ellas varias veces. Reproduciendo así varias versiones de sus propios cuadros. Seguramente tendría algo que ver que algunos de ellos gustaban mucho al público, y si su forma de vida orbita alrededor de vender cuadros, es normal que algunos los quisiera seguir reproduciendo para tener ciertos ingresos. Sin embargo, muchos de sus cuadros eran simplemente experimentación de un concepto que a él mismo le parecía interesante. A veces, esta manera de estirar el chicle, se debe a la nostalgia que produce desprenderse de una idea que nos gusta, pero otras veces, es simplemente un proceso de investigación hasta encontrar una reproducción de la idea lo más depurada posible.

Algo parecido sucede en la vida profesional del arquitecto, como dice Manuel Aires Mateus, existen dos tipos de proyectos: los de innovación y los de desarrollo. Aires Mateus cataloga su obra según el trasfondo teórico de la idea de proyecto. Cuando por fin da con la tecla y construye una vivienda con unos razonamientos muy transgresores, intenta seguir reproduciendo esa idea en los próximos proyectos con el fin de mejorarla y llegar a encontrar su límite de adaptación a las nuevas premisas de programa y entorno. Por lo tanto, casi siempre, tras un proyecto claramente innovador viene otro de asentamiento y desarrollo. Que teóricamente tendría que ser mejor que el original, pero no siempre sucede así.

Algunas veces, por mucho que desarrollemos una idea, un proyecto o un cuadro, con el fin de alcanzar la perfección, no conseguimos reproducir la frescura que aportaba el original. He aquí la verdadera labor del buen hacedor, saber interpretar los verdaderos puntos fuertes de su idea para conseguir desarrollarlos sin desvirtuar del todo las premisas iniciales que la hacían interesante.

Saber reducir una idea a su mínima expresión no es nada fácil y a veces puedes pecar al caerte de la cuerda floja que separa la evolución del desarrollo descontrolado. Mondrian defendía que el neoplasticismo era la más pura expresión del arte, otros muchos, solo ven líneas negras con cuadrados rojos, amarillos y azules.

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