Vivir en la cama

“Cuando eres prisionero de tu propia cama, toda la casa cambia automáticamente de escala.

A la derecha, la mesita de noche con un termómetro, una botella de agua y el paracetamol de 1 gramo. A la izquierda, al otro lado de la cama, el portátil, el teléfono móvil y 300 mensajes perdidos. Llevo únicamente un par de días sin salir de la cama y no puedo ni llegar a imaginar cómo pasaría Frida Kahlo todo ese tiempo postrada sin poder salir de su colchón. Entiendo que al final terminase ingeniándoselas para seguir pintando tumbada colocando un espejo en el techo, dando así una nueva visión a sus famosos autorretratos.

Cuando eres prisionero de tu propia cama, toda la casa cambia automáticamente de escala. Tus movimientos quedan limitados a lo que puedan abarcar tus brazos y actos tan primarios como ir a la cocina a por algo de picar, se convierte en toda una odisea. Sientes que la casa ha cambiado de tamaño, ahora tu guarida, tu refugio es solamente el ancho por el largo del colchón, eso sí, ese espacio lo sientes totalmente tuyo. No hay nada más personal que tu espacio vital y pese a sentir que tu casa se ha reducido básicamente a tu dormitorio, notas como tu espacio vital ha aumentado hasta alcanzar el tamaño de tu cama, que si encima es una cama de matrimonio, tienes incluso más espacio del que necesitas.

Nuestro cuerpo está diseñado para vivir de pie y movernos diariamente, bien lo saben los podólogos que siempre subrayan la importancia de mantener sanos nuestros pies, ya que en ellos recae toda la carga de nuestros huesos. Algo parecido sucede con la cimentación de cualquier edificio. Si falla, todo se viene abajo. Pero, ¿qué pasaría si los edificios flotasen como naves espaciales? ¿Toda la teoría de la “firmitas” se vendría abajo? Quizás sus formas cambiarían drásticamente, la gravedad solo sería condicionante en su estructura interna, como un barco o un avión.

Asimismo, si el ser humano evolucionase para vivir veinte horas al día sentado o tumbado, seguramente con unas gafas de realidad virtual y conectado al futuro Metaverso, nuestra estructura ósea cambiaría drásticamente aportando nuevas formas que ni siquiera Darwin en su famoso El origen de la especies era capaz de elucubrar. Definitivamente, no creo que el Covid y sus diez días de cuarentena cambien el futuro de nuestra especie, pero una vida sedentaria a lo largo de cientos de años seguro que agudiza el ingenio de muchos para hacer de su espacio vital un hábitat más humano. El espejo de Frida era solo un adelanto de lo que se nos viene encima.

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