El proyecto

“Cuando hacíamos refugios con sábanas y cajas de cartón en casa de los abuelos .

El otro día estaba viendo una serie. Un padre y sus dos hijos estaban en el jardín de su casa, con varios listones de madera, debatiendo cómo iban a construir su cabaña en el árbol. La premisa del padre era: “colocamos cuatro patas y luego ya iremos viendo…” Sin embargo, uno de los niños refunfuñaba y alegaba que eso no se podía llevar a cabo sin planos, y que además, él lo que quería era usar la caladora eléctrica para cortar cosas y si ponían los listones enteros a modo de pilares, no habría nada que cortar.

Realmente me hizo reflexionar acerca del concepto del proyecto arquitectónico, de su utilidad y su verdadera función. Así cómo del desarrollo en sí mismo, quiero decir, la manera con la que afrontamos un problema de cualquier índole y cómo un proyecto de arquitectura es totalmente extrapolable a cualquier ámbito. Muchos de los procesos son similares: identificar problemas, trabajar desde lo más general hasta lo más particular o incluso tomar perspectiva en algunas ocasiones.

Lo sabrán muy bien aquellos valientes que han camperizado una furgoneta o han hecho un puzzle de 5000 piezas. No saben muy bien cómo ni por qué, pero su mente les ordena a seguir ciertos pasos y sobre todo a visualizar un resultado antes de obtenerlo.

Por eso, todos los problemas requieren siempre de estrategia y planificación para ser resueltos. Estos pueden ser muy complejos, como en el caso de la descomunal y compleja tarea de construir una ciudad entera. O tan básicos como envolver un regalo de cumpleaños haciendo papiroflexia de manera intuitiva. Pero ambos, al igual que el pájaro que construye su nido, son un proyecto. Sea de una manera consciente o inconsciente; requieren de una idea, de un planteamiento y de una ejecución.

Por ejemplo, cuando hacíamos refugios con sábanas y cajas de cartón en el salón de los abuelos, estábamos abordando un proyecto arquitectónico sin saberlo. Y normalmente suele ser más divertido el proceso que el resultado. Igual que el niño que sólo quería cortar palos de madera. Si su diversión está en usar la caladora eléctrica y la verdadera función de la casita en el árbol es entretener a los niños en el proceso de su construcción, lo más razonable es cambiar el diseño de la cabaña y plantear un proyecto repleto de maderas cortadas. Una casa-árbol hecha de recortes y que además se tarde varios meses en levantar, total, el objetivo es divertirse en el proceso.

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