La Cuarta Pared

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Adiós maestro

Adiós maestro

“…La vida ha sido un edificio en obras

con el viento en lo alto del andamio,

siempre cara al vacío.”

En estos tiempos duros que vivimos en los que desayunamos cada mañana con el pandémico contador de 3 cifras de almas que abandonan de forma anónima la terrenal existencia, nos vamos haciendo poco a poco impermeables al dramático dolor que supone la pérdida de vidas distantes. Es natural, es lo que toca. Es ya la rutina diaria. A pesar de ello, hay días en los que se va una de esas personas que hacen grande lo que somos, y eso nos toca el alma.

El pasado 16 de febrero, nos dejaba a causa de un cáncer linfático diagnosticado hace casi un año Joan Margarit, “el Arquitecto de la Palabra”. A sus 82 años, con una energía creativa y vital que le impulsó a seguir edificando versos hasta que su luz se fue apagando a causa del cruel avance de la enfermedad y de su agresivo tratamiento. En breve verá la luz su póstuma obra, escrita durante sus últimos meses.

A este polifacético arquitecto, el reconocimiento le llegó en la más absoluta madurez. El Premio Nacional de Poesía en 2008 o el reciente Premio Cervantes en su edición de 2019, son solo dos de sus múltiples reconocimientos. La actual coyuntura, impidió que el tradicional acto de entrega del galardón pudiese llevarse a cabo en abril y los reyes visitaron en diciembre al poeta a escasos meses de su fallecimiento.

Arquitecto de formación, Catedrático de Estructuras en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, y responsable de grandes proyectos de construcción como el anillo olímpico y el estadio de Montjuic entre otros, a finales de los años sesenta su poesía empezó a hacerse hueco, y poco a poco las letras, y los versos fueron ganándole terreno a los momentos flectores y a las armaduras del hormigón. Pero a pesar de que las letras empezaron a convertirse en sus más importantes ladrillos, su formación técnica definió su concepción poética:

“Pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de material (en general acero u hormigón) y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras.”

Y aunque ahora nos toca despedirnos de este gran bardo con el amargo vacío emocional que su ausencia provoca en lo inmediato, su obra permanecerá cimentada con solidez, elegancia y precisión regalándonos a nosotros y al tiempo su eterna inmortalidad. Adiós maestro.

Tiempo y Espacio

Tiempo y Espacio

“La percepción de tu entorno te hace ser como eres y sentir como sientes. Y es aquí donde la arquitectura adquiere un valor significativo»

La arquitectura, al igual que el resto de las artes, es prisionera de un tiempo y un espacio determinado. Picasso no hubiera sido el máximo exponente del cubismo si hubiera nacido en 1504 y viviese en Roma, sus manos serían las mismas, sus cuadros no.

Curiosamente los incas utilizaban la misma palabra: “pacha”, para definir tanto el espacio como el tiempo, expresando directamente con su lenguaje que estos dos conceptos están íntimamente relacionados. Tanto es así, que desde la teoría de la relatividad de Einstein, la expresión espacio-tiempo es parte fundamental de la física moderna, tratando estos dos conceptos como inseparables y entendiendo que el tiempo no se puede desligar de las otras tres dimensiones ya que este depende también del estado de movimiento del observador.

En lo relativo al espacio, podemos concluir que al igual que una casa en Noruega requiere de ciertas características que resuelvan los temas ligados con el clima y la cultura del país, una casa a orillas del Mediterráneo requiere de otras. El animal que va a habitar ambas es de la misma especie, sin embargo, cada uno requiere de unas necesidades distintas, a pesar de que ambos coman, duerman y se duchen por las mañanas. Al reducir la distancia sucede exactamente lo mismo, no deben de ser iguales una casa de cara al mar que una que esté de espaldas. Seguramente sí que coincidan en lo relativo al sentimiento de pertenencia-identidad, ya que ambas se encuentran en el mismo lugar, pero no en el mismo entorno.

En cuanto al tiempo, tanto las condiciones del presente como las del pasado tienen gran influencia en la forma de entender la arquitectura, cómo percibo el mundo que he vivido y cómo me imagino que será el mundo que viene por vivir. En cierto modo, sólo somos la continuación de algo más grande, una gota de agua en el cauce de un río que nunca se seca.

El sonido de los pájaros al despertarte en casa de tus abuelos las mañanas de verano, el olor que desprendían las paredes, paredes que al tocarlas transmitían la misma sensación que al olerlas. La percepción de tu entorno te hace ser como eres y sentir como sientes. Y es aquí donde la arquitectura adquiere un valor significativo, donde dejan de ser mera construcciones para refugiarse y empieza a ser algo más. Se trata del diseño del mundo que nos rodea; de nuestras ciudades, nuestras casas, nuestros dormitorios, nuestra cama. En cierta manera, tu entorno te da forma.

Dibuja tu casa

Dibuja tu casa

“Lo más complicado del proceso creativo es romper y poner en cuestión la impronta de las preexistencias grabadas a cincel en nuestra mente abstracta”

Hay un ejercicio trivial y recurrente durante las primeras etapas de la infancia, que consiste en pedirle a un niño o niña que dibuje su casa. Curiosamente, la práctica totalidad de ellos, salvo excepciones, acaba esbozando una imagen en alzado de una casa de una o dos plantas, con una puerta central, una ventana generalmente cuadrada, y una cubierta a dos aguas con chimenea de la que además sale humo… y un arcoíris, si se le da suficiente tiempo para ello. Obviamente como digo hay excepciones y alguno trata de plasmar en un alarde de abstracción impropia de su edad un esquema en planta a modo de mapa en el que se concatenan las distintas habitaciones de su hogar. Pero quedémonos en lo que la mayoría dibuja. La arquetípica casa que todos en el fondo tenemos en mente.

Y es que esto, es el fiel reflejo del peso que el conocimiento adquirido y asumido tiene sobre nuestro pensamiento abstracto y sobre nuestra capacidad creativa. En el fondo, es más que probable que bastantes de esos niños no vivan en una casa como la que dibujan, pero a lo largo del tiempo de forma casi subliminal a través de su experiencia con los libros infantiles, los dibujos animados, y de la observación de modelos idealizados, acabarán asociando el concepto abstracto de la representación de “casa” con esa imagen paradigmática.

Es tal vez lo más complicado en el proceso creativo. Romper y poner en cuestión la impronta de las preexistencias grabadas a cincel en nuestra mente abstracta. Nuestro trayecto vital por la vía del tiempo nos hace percibir y asumir como funciona el mundo que nos rodea, fruto de la acción empírica de las distintas generaciones que nos han precedido, y que como es lógico acaban resultando en soluciones optimizadas y asentadas. No obstante, el ser humano está ávido de sensaciones y emociones que trascienden la mera satisfacción de las objetivas necesidades materiales.

Es ese el medio en el que el arquitecto se sumerge día a día, tratando de poner en cuestión las ideas preconcebidas, lo asumido, lo incuestionable. Mirando los problemas a través de distintos prismas, que den como resultado una idea innovadora que eleve al campo de las emociones el resultado de su intervención. Es un proceso de lucha interna que tiene momentos de frustración y de satisfacción a partes iguales, y que son la esencia misma de acción creativa.

Ahora, coja un lápiz y un papel y dibuje su casa.

Los muebles de Pablo

Los muebles de Pablo

“Recurrir a lo material para devolvernos los recuerdos de sus actos se convierte en el medio más directo de la memoria”

Cuando estamos son nuestros actos los que nos definen. Como nos relacionamos con los demás o como nos expresamos, andamos o nos vestimos. Como afrontamos nuestros éxitos y nuestros fracasos. La gran mayoría de la población mundial vive en sociedad, porque en cierta manera nos necesitamos. Las relaciones entre las personas son el germen de nuestra evolución. Y cada cual como individuo expresa continuamente, queriendo o sin querer, su personalidad, su forma de ser o de pensar, bien sea de una manera sutil, explícita, mediante el engaño o mediante la más pura sinceridad.

Ahora bien, cuando no estamos, no son nuestros actos los que nos definen, sino lo que queda de nosotros; el recuerdo romántico del ambiente que se generaba cuando contaba un chiste polémico o la imagen en nuestro cerebro de cualquier acto tan costumbrista como colocarse el pelo detrás de las orejas. Reconstrucciones en nuestra mente que al principio son nítidas como las piedras en la orilla de un rio transparente pero que con el tiempo se van difuminando hasta transformarse en ambientes, en escenas borrosas, y a la vez tan reales como lo pueden ser un sueño o la construcción mental de una realidad al leer una novela.

En cierta manera, no solo nuestros actos nos definen, también lo hacen nuestras pertenencias, nuestras cosas. No sucede de una manera tan evidente cuando seguimos vinculados a ellas, ya que nuestros actos siempre van un paso por delante haciendo sombra a lo material. Pero al separarse la persona y el objeto, el inexorable paso del tiempo hace que recurrir a lo material para devolvernos los recuerdos de sus actos se convierte en el medio más directo de la memoria.

Incluso podemos llegar a asociar directamente cosas físicas a sensaciones emocionales: un casco con cuernos de vikingo y una guitarra eléctrica de Paul Stanley colgada en la pared son diversión y emoción. Unos tenis son tu día a día, y tu sofá y tu mesa son tu tarde y tu noche. Las cosas pueden definir a las personas, y efectivamente lo hacen. Todo lo que hay a tu alrededor; el color de la funda de tu móvil, la decoración de tu estantería o incluso la letra a mano en tus apuntes del colegio. A fin de cuentas vivimos en contenedores cerrados por un suelo, un techo y cuatro paredes. Como vivas ese espacio y como decidas llenarlo de objetos va a definir no solo tu forma de vida en esos momentos, sino a ti mismo cuando ya no estés.

La cuarta pared

La Cuarta Pared

“Es ya casi un tópico un tanto irónico, que el arquitecto vive en su mundo de las ideas e ideales”

Hoy arrancamos con un cierto vértigo esta sección que el Diario de Almería nos brinda para reflexionar y transmitir nuestras inquietudes e ideas a cerca de aquello que ha acabado convirtiéndose en el centro de nuestra actividad profesional y de nuestra vida. Cualquier cinéfilo que se haya acercado a la columna atraído por el rotundo título, de entrada puede pensar que hablaremos de Buñuel, de los planos secuencia, de simetría, de la estructura de la trama o de la luz como material en escena… y lo cierto es que no va del todo desencaminado. Nuestro hilo conductor pretende ser la arquitectura y esperemos no haberlos decepcionado ya en el primer párrafo.

A nadie se le escapa que el cine es tal vez uno de los nobles artes más íntimamente relacionados y hermanados con la arquitectura. A parte de las más que evidentes conexiones de tipo técnico en el diseño de escenografía o del uso de espacios construidos inmortalizados en el celuloide, o del hecho de que grandes cineastas han sido y son arquitectos, la arquitectura puede ser entendida como el arte de crear ambientes y el cine necesita crearlos para poder contar historias.

Es ya casi un tópico un tanto irónico, que el arquitecto vive en su mundo de las ideas e ideales, del cual necesita salir para materializar lo que proyecta rompiendo esa cuarta pared que conecta la realidad introspectiva con el mundo que lo rodea. Hay muchas formas de atravesar ese plano imaginario, y como sucede en el cine, no existe una única manera perfecta o universal de hacerlo, o dicho de otra forma, cada proyecto busca su propio camino para atravesarla, bien sea diluyéndola de forma sutil e imperceptible, o bien sea echándola abajo de forma ruidosa y provocativa.

A lo largo de esta sección pretendemos hablar de arquitectura y de su relación con otras disciplinas, de espacio, de texturas, de ciudad, de técnica, de la escala, de lo humano, de lo social y de todo aquello que en el fondo nos apasiona y nos motiva, desde una privilegiada tribuna inserta en una pequeña ciudad con grandes ejemplos y potencialidades ciertamente interesantes.

Esperamos humildemente ser capaces de atravesar esta cuarta pared, no solo con nuestros proyectos sino con nuestra escritura, transmitiendo lo que nos apasiona y nos motiva, provocando una mínima inquietud y curiosidad para acercar la arquitectura a la ciudadanía a través una mirada distinta. El tiempo lo dirá.

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