La Cuarta Pared

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Miradas desnudas

Miradas desnudas

“Podríamos discutir si el tejado es el pelo o si la puerta es la boca, pero sin lugar a dudas, las ventanas son los ojos.

Para todos aquellos que ven dragones en las nubes, si pudiéramos asociar una fachada a un rostro, evidentemente las ventanas serían los ojos. Podríamos discutir si el tejado es el pelo o si la puerta es la boca, pero sin lugar a dudas, las ventanas son los ojos. Y no solamente los ojos por los que el edificio mira al exterior, sino también por donde el exterior puede mirar al edificio. Estas aperturas configuran la expresión formal de la obra a la vez que intrigan al viandante acerca de su interior. ¿Qué habrá ahí dentro? Si vemos una ventana alta y pequeña probablemente será un baño, si nos encontramos con una estrecha y vertical, quizás sea una caja de escaleras, y si vemos un gran paño de vidrio seguro que corresponde a una estancia importante como un salón o la cocina.

Los huecos pueden enmarcar paisajes construyendo cuadros vivos desde el interior, o bien, pueden responder únicamente a la necesidad de ventilación y luz que necesite cada estancia. Lo que sí queda claro es que se trata de elementos que atraen todas las miradas, a la vez que acogen los ojos interiores como si de una madriguera se tratase. Incluso en el desarrollo del proyecto más funcional posible, estos huecos son parte del formalismo inherente a cualquier obra plástica, ya que rompen muros, perforan planos verticales y otorgan y rompen el ritmo.

Ahora bien, las ventanas dependen en gran medida de los cristales, esa superficie trasparente que cierra el hueco donde no hay ladrillo. Y estos vidrios, por lo general, son finos y frágiles. Una simple piedra, o Flash dentro de su Speed Force, puede romperlos sin mucho esfuerzo. Dejando las viviendas desnudas a la maravillosa ventilación cruzada de la que tanto presumimos los arquitectos. El interior se convertiría en un espacio inhabitable y tendríamos que peinarnos cada mañana según el viento que hubiera ese día. Es paradójico pensar como un proyecto de vivienda colectiva donde el funcionalismo y la economía constructiva son los dos pilares en los que se suele asentar, quedan totalmente al servicio de unas finas láminas de vidrio, que curiosamente son los elementos más caros de cualquier fachada convencional.

Esta dicotomía ya la puso sobre la mesa Gordon Matta-Clark cuando reventó con una escopeta de aire comprimido todos los cristales del Instituto de Arquitectura y Estudios Urbanos de Nueva York la noche anterior a una conferencia de Peter Eisenman. Hoy solo la recordamos.

Regreso al futuro

Regreso al futuro

“Una churrera gigante extruye un cordón de mortero, que capa a capa levanta muros y tabiques. 

Aparecen de forma recurrente noticias como sacadas de archivo o fondos de armario que nos dejan una sensación de déjà vu. Y es un efecto muy logrado pues aunque si nos esforzamos un poco acabamos recordando que eso ya nos lo contaron, tenemos la sensación de novedad, de primicia.

A veces se trata de la próxima misión programada a Marte para el 2025, 2030, 2035… otras veces es un asteroide que pasará rozando la Tierra y provocará un cataclismo que al final de la noticia resulta no ser tal pues lo hará a una distancia de 800.000 km, y otras nos desvelan que la arquitectura del futuro ya está aquí, ¡Casas que se construyen solas con una impresora 3D!

Es verdad que el término 3D, nos sigue impactando a pesar de que la percepción tridimensional es inherente a nuestra naturaleza. Vivimos en 3D desde que el ser humano tiene conciencia y capacidad de pensamiento abstracto. Pero lo cierto, es que la impresión 3D tiene ya algunas décadas, y las famosas impresoras 3D que son “capaces de construir una casa” (es mucho decir), se basan en un concepto y una tecnología inventada en los años 80 del pasado siglo.

La impresión 3D, tiene un gran potencial en muchos campos, especialmente en los de investigación, desarrollo y diseño. Agiliza y abarata la producción de prototipos. Pero sus aplicaciones a nivel de producción a gran escala o industrial son muy limitadas.

En construcción, la apuesta por la estandarización, la prefabricación o los sistemas modulares es ciertamente interesante, pues además de conseguir una mejora en la calidad del producto acabado, se logra un control del proceso que permite optimizar costes y recursos con desviaciones mínimas con respecto al diseño de partida. Además propicia el uso de energías limpias, el reciclaje y la reutilización de materias. Eso es algo incuestionable, y la tendencia es a avanzar en esa línea.

Pero las casas no las hace una impresora 3D gigante sacada de un laboratorio secreto de la NASA… La realidad es mucho menos romántica. Con limitaciones, una churrera gigante extruye un cordón de mortero, que levanta muros y tabiques, a los que hay que colocar cargaderos, refuerzos de armado y conductos de instalaciones, y luego una vez endurecido montar techos, aislamientos, trasdosados interiores, suelos alicatados, acabados, instalaciones, y un largo etcétera… y por supuesto, a la forma tradicional. ¿Más barato, rápido y mejor? Lo dudo. Eso sí, en 6 meses nos lo volverán a contar.

Las puertas como oportunidades de cambio

Las puertas como oportunidades de cambio

“Esa sensación de estar en un aburrido centro comercial y atravesar ese arco azul para comenzar una experiencia onírica. 

Hay un paso entre el interior de un espacio y el exterior, un paso encuadrado en un rectángulo de unos 2,10 metros de altura y 80 cm de ancho, enmarcado por un dintel y cuatro tapajuntas. Ese paso es el que determina si entras o sales, un acto tan interiorizado que nunca reparamos en él. Excepto cuando nos prohíben hacerlo. Cuando no puedes salir o entrar, empiezas a valorar ese bello instante en el que sin querer agachas un poco el cuello, miras al suelo y cambias de espacio como si fueses un jugador de fútbol saltando al campo en la final de la Champions.

Si nos ponemos a pensar, seguro que encontramos una infinidad de puertas que no llevan a ningún lado y que tirarían por la borda esta intencionalidad de cambio propuesta. La puerta de Brandeburgo en Berlín, o el Arco del Triunfo de París no te llevan a ninguna parte, pasas de estar en la calle a estar en la calle, pero eso sí, con honores. No cambias de espacio pero si cambian las emociones. Esta transición no tiene por qué implicar una evidente alteración física, sino simplemente un nuevo estado mental.

Las puertas en las pirámides de Giza, al menos las que conocemos de momento, son pequeñas y oscuras, sin embargo, las puertas de cualquier Catedral son grandes portones desproporcionados al cuerpo humano, pero a escala con el resto de la obra. La primera nos lleva a una cámara funeraria y la segunda al encuentro con Dios. Indudablemente tienen que ser diferentes, pero ambas necesitan que alguien las atraviese para tener un sentido, para no ser solo parte de una bella fachada, sino con el fin de recibir ese significado tan místico que tienen.

Por algo recordamos las tiendas Imaginarium simplemente por sus puertas, ya que permiten que los más pequeños pasen por su propia entrada a un mundo diseñado para ellos: el mundo de los juguetes. Esa sensación de estar en un aburrido centro comercial y atravesar ese arco azul para comenzar una experiencia onírica es lo mejor que nos puede pasar, por eso, los que la hemos cruzado de chicos, mantenemos ese recuerdo sensorial grabado a fuego.

Toda gran aventura comienza atravesando una puerta y si no, que se lo pregunten a Frodo cuando salió de su acogedora casita de La Comarca. No solo nos ofrece una oportunidad de cambio, sino que nos vomita a la cara que algo va a cambiar, quieras o no. Algo va a cambiar. Cuando coges la cartera, el móvil, las llaves y sales de casa, algo va a cambiar.

Nos vemos en casa de los abuelos

Nos vemos en casa de los abuelos

“Cuartos con colchones por el suelo para acoger alguna noche a toda la patulea de mocosos que improvisaba de forma unilateral e innegociable una noche de pijamas

Hay un momento en la vida que es tal vez de los más tristes que uno llega a experimentar. Ese preciso instante en el que se cierra la puerta de la casa de los abuelos por última vez.

Cuando somos niños, nuestra experiencia vital está vinculada de forma casi indivisible a los lugares en los que uno se siente seguro. La propia casa o el colegio son esos edificios en los que más tiempo uno pasa, pero si había un refugio especial de entre todos ellos, ese era “la casa de los abuelos”.

Solía ser un inmueble modesto y desfasado. Colmatado de cosas raras que huelen de forma muy particular, y con algún que otro “intocable” al que siempre se anhelaba echar mano en un momento en el que nadie mirase. La casa de los abuelos, era ese lugar de reunión, lleno de primos desperdigados correteando entre cómodas y mesas bajas llenas de portafotos y jarrones, que a duras penan conseguían sobrevivir (los que lo lograban) durante décadas de estar al borde del abismo.

Sitio incómodo donde los hubiera, con mesas supletorias montadas sobre caballetes y sillas recopiladas de la cocina y dormitorios para montar una cena de navidad en la que todos cabían. Cuartos con colchones por el suelo para acoger por la noche a toda la patulea de mocosos que improvisaba de forma unilateral e innegociable una noche de pijamas. Armarios llenos de ropas de otra época, altillos llenos de maletas. Librerías apretadas de todo tipo de empolvados volúmenes.

Pero nada de eso importaba, porque en aquella época y con esa edad, el tono del color de la pintura de la pared o si la encimera de la cocina era de granito… o si hacia calor o frio era algo del todo irrelevante. Era un sitio especial, seguro y mágico.

Pero el tiempo pasa, y llega ese día. Día en el que te plantas casi sin reparar en él. La casa cierra sus puertas por última vez dejando una ausencia y un vacío difícil de describir. Ya nada vuelve a ser igual. A pesar de que ya no tienes ni la edad ni las rodillas para meterte debajo de las camas, recuerdas con añoranza esos tiempos sencillos en los que ir a casa de los abuelos era el mejor regalo que se podía recibir.

En un año como el que hemos pasado, tan duro para los auténticos protagonistas de este artículo, se han cerrado de forma prematura y cruel muchas de esas puertas. Algunas para no volver a abrirse. Otras sin embargo, ya están preparadas de nuevo con renovada energía para volver a regalar vida y experiencia. Vaya por todos ellos.

Plano Vertical Plano

Plano Vertical Plano

“Nunca podremos dejar de escuchar a nuestros vecinos dar portazos a la una de la madrugada

Mientras que el plano horizontal es la base para el desarrollo de nuestras civilizaciones, el plano vertical es la base de nuestra inconsciente y consciente sensación de seguridad. La necesidad de refugio es el origen de nuestro primer arte, que no nace como una forma de expresión cultural ni siquiera de inquietudes artísticas o formales, sino como una necesidad animal de protección, no tanto de la lluvia ni de las aves, sino de depredadores animales o más aún de nuestros iguales, que movidos por el hambre, ansían robar nuestros víveres y enseres. El primer arte no fue un arte, fue una necesidad inalienable para el desarrollo de nuestra especie. Dejaremos nuestras primeras formas de expresión artísticas para las pinturas de Atapuerca y para las primeras cabañas que consiguieron conjugar la utilitas con la firmitas y la venustas. Mientras tanto, eran simplemente planos verticales levantados sobre planos horizontales, es decir, muros que protegen y soportan techos construidos sobre un suelo llano.

Estos muros que comenzaron siendo solo una forma de protección han evolucionado mucho con el paso del tiempo, lo que antiguamente era una gran masa de materia pesada empezó a aligerarse con los avances tecnológicos, como sucedió en la arquitectura gótica en el siglo XIII o con la aparición del vidrio y el acero como materiales de construcción hace apenas un par de siglos.

Incluso llegaron a perder su condición de envolvente y empezaron a ser simplemente delimitadores de espacios. La aparición de la planta libre gracias a las estructuras de vigas y pilares permitieron a los arquitectos modernos jugar con los planos verticales de tal forma que los límites entre exterior e interior quedaron totalmente difuminados. El pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe en 1929 comenzó una era de arquitectura que poco tiene que ver con la esencia original de esos muros, pasaron ahora sí a ser simples planos, planos que parten un espacio, planos que generan recorridos o planos que dan forma a una idea construida.

Desde una cortina de tela hasta el plástico de un invernadero, los planos verticales cumplen estrictamente una función, sin olvidar que si la cortina es roja esconde algo sinuoso detrás y si el invernadero es blanco es para reducir un poco la temperatura del interior. Eso sí, parece ser que por mucho que avance la tecnología, nunca podremos dejar de escuchar a nuestros vecinos dar portazos a la una de la madrugada.

¡Vamos a morir todos!

¡Vamos a morir todos!

“Hoy en día sigue habiendo una inmensa cantidad de viviendas que no reúnen ni las más básicas condiciones de salubridad y dignidad, sin por ejemplo una ventana en el dormitorio

Estamos a pocos días de que se cumpla un año de la entrada en vigor de la última modificación del CTE (Código Técnico de la Edificación) que, para los profanos y dicho de forma exigua, viene a ser el compendio de normas técnicas que definen las exigencias y prestaciones que han de cumplir las edificaciones, entre las que se encuentran de forma principal las viviendas, edificios administrativos, hospitales, colegios, o centros comerciales.

La novedad más significativa o pintoresca, es la nueva sección del documento dedicado a las condiciones de salubridad y que se denomina “Protección frente a la exposición al radón”. Y es que, al parecer acabamos de saber que vivimos en un constante peligro, que a partir de junio de 2020 nuestra magnífica maquinaria administrativa y reguladora se ha propuesto resolver de un plumazo.

Resulta, que en el subsuelo existen elementos muy malotes que tienen la fea costumbre de, en su larga vida de transformación radioactiva, emitir gas radón. Y resulta que ese gas en altas concentraciones puede estar relacionado con la aparición de casos de cáncer de pulmón en personas no fumadoras. Como quiera que en los sótanos y plantas bajas de las edificaciones la ventilación es menor, existe un mayor riesgo de concentración de gas radón, y por lo tanto un mayor riesgo para la salud.

Como no podía ser de otra manera, en la citada norma se ha incorporado un mapa de la península (sin Portugal, que ya se hará su mapita) e islas adyacentes, zonificando los municipios y clasificándolos en 3 tipos. Los que no tienen riesgo clasificado, la Zona 1, y la Zona 2 (que debe ser como Chernóbil, pero con toritos y sevillanas sobre las teles del salón).

Para las zonas 1 y 2, se plantean unas medidas encaminadas a proteger las nuevas edificaciones del pernicioso radón, que no sé cómo nos ha permitido llegar hasta nuestros días sin que nos salga un cuerno en la frente. La mejor, la “despresurización del terreno”, colocando un tubo que permita drenar el gas y sacarlo por la cubierta por una chimenea.

En paralelo podemos ver como hoy en día, sigue habiendo una inmensa cantidad de viviendas que no reúnen ni las más básicas condiciones de salubridad y dignidad, en las que viven muchas personas, sin por ejemplo una ventana en el dormitorio. Más le valdría a la administración ocuparse de resolver estos problemas en vez de complicar y encarecer con ocurrencias las edificaciones a las que cada vez menos gente tendrá acceso.

Plano horizontal plano

Plano horizontal plano

“Lógica que se lleva repitiendo con el paso de los años, desde la acrópolis griega, pasando por la ópera de Sidney o la tienda de campaña de un camping

La alegoría del inicio de la arquitectura fundamentada en la naturaleza tiene como máximo exponente la teoría de la cabaña primitiva. A mediados del siglo XVIII,  Marc-Antonie Laugier teorizó acerca de como podrían haber sido las primeras estructuras realizadas por el hombre, y como no, serían troncos de madera dispuestos de forma tectónica para generar una cubierta, un techo que nos protegiese de la intemperie y que a su vez nos permitiera salir de las cuevas formando así nuestros asentamientos donde más nos interesase, bien sea por temas climatológicos o de recolección de los recursos necesarios para el próspero desarrollo de la vida humana.

Estas estructuras de elementos lineales generarían una serie de pórticos que darían lugar al origen de los templos y posteriormente al desarrollo y perfección de los órdenes clásicos. De esta manera se centra el estudio de la historia de la arquitectura desde el punto de vista material. Cómo el hombre utilizó su inteligencia y los recursos naturales que disponía para su propio beneficio. Cómo ensamblando cinco palos se puede construir una choza que sea habitable para nuestra especie.

Sin embargo, nunca se ha hecho especial hincapié en la limpieza y desbroce del terreno antes de levantar estos troncos. Es de sentido común suponer que se buscaron los asentamientos más interesantes y con ello no sólo me refiero a la posibilidad de plantar trigo o legumbres, sino a la lógica aplastante de conseguir una superficie plana antes de colocar el primer palo. Lógica que se lleva repitiendo con el paso de los años, desde la Acrópolis griega, pasando por la ópera de Sidney o la  tienda de campaña de un camping.

Hoy en día existen infinidad de estrategias de arquitectura para dar servicio a nuestras demandas sociales. Algunas se adaptan al entorno inmediato, otras proponen nuevas formas de relaciones, algunas se centran en transmitir emociones a través de los espacios, pero todas ellas entienden como anda o como se sienta una persona y esto que parece una banalidad es fundamental para uno de los tres pilares de la arquitectura, la utilitas.

Realmente este planteamiento de una superficie plana como punto de partida va más allá de una cuestión funcional, se ha demostrado que la horizontalidad nos transmite paz y serenidad. Quizás sea porque evoca al horizonte infinito del mar o bien porque nos transporta miles de años atrás, cuando los primeros asentamientos plagados de paz hicieron prosperar nuestra especie.

Cemento, ladrillo y arena

Cemento, ladrillo y arena

“La tradición constructiva mediterránea que arrastramos desde hace muchos siglos, está muy vinculada al adobe, al ladrillo, al barro y a las pastas, morteros y revocos. 

Aunque de entrada nos pueda parecer algo novedoso y vanguardista, lo cierto es que la prefabricación en la construcción es algo casi tan antiguo como la propia arquitectura. Ya los egipcios prefabricaban y conformaban en talleres los despieces de cantería que posteriormente ensamblaban en obra con procedimientos que aun hoy nos sorprenden por su ingenio.

Lo que sucede es que en nuestra latitud, la tradición constructiva mediterránea que arrastramos desde hace muchos siglos, está muy vinculada al adobe, al ladrillo, al barro y a las pastas, morteros y revocos. Es lógico, pues nuestro poso cultural bebe de la influencia norteafricana y depende en gran medida de los materiales y materias de los que se dispone. Del mismo modo, en otras zonas en las que la materia prima es la madera o la piedra, la tradición constructiva se aproxima más a la obra seca, de montaje y despiece.

Tal vez sea ese uno de los motivos que de forma casi inconsciente genera una resistencia a la implantación de los sistemas prefabricados tan extendidos y predominantes en Centroeuropa, o Norteamérica. Parece que nos cuesta asumir que una casa pueda no estar hecha de ladrillo… Puede que el cuento de los tres cerditos también tenga su parte de culpa.

Pero vivimos una época en la que hemos de dar respuesta a exigencias nuevas, muy relacionadas con los nuevos estándares de confort (protección frente al ruido, o aislamiento térmico), a la par que nos hemos de ocupar de la huella de carbono, la deforestación, el calentamiento global, la eficiencia y la sostenibilidad energética o la gestión de los residuos que generamos.

Los sistemas prefabricados se están enfocando de forma casi germinal en resolver estas cuestiones, y son y serán una respuesta eficaz a una gran cantidad de estos nuevos desafíos.

Como digo, en otras partes del mundo hace décadas que se trabaja en esta línea, pero aun estamos a tiempo de no perder este tren. En Almería ya tenemos empresas que apuestan por ello como puedan ser Hydrodiseño o Custom Home. La primera dedicada a la construcción de módulos completos de baño y cocina, y la segunda a la construcción integral de viviendas modulares a partir del reciclaje de contenedores de transporte marítimo. En ambos casos la apuesta por estos conceptos les augura un crecimiento y un desarrollo muy favorable, pues los nuevos vientos soplan en la dirección de la eco-sostenibilidad, el ajuste de tiempos y la calidad prestacional.

La delgada línea gorda

La delgada línea gorda

“Las líneas no tienen espesor, esta tiene unos 4 metros de ancho, y si hubiera sido dibujada con rotulador tendría 6

Mario Neta siempre ha tenido un sueño. Desde pequeño pensaba que algún día podría jubilarse en uno de esos pequeños pueblos costeros con encanto, una pequeña pedanía dentro de un precioso parque natural. Se trata de un pueblecito de apenas 170 habitantes, un lugar de increíbles playas naturales, tranquilidad, paz y buen tiempo durante todo el año.

En 2006 consiguió comprar una pequeña parcela en segunda línea de playa, una auténtica joya. El pueblo es tan pequeño, que actualmente es imposible encontrar una igual, las casas casi se pueden contar con los dedos de las manos. Con toda la ilusión del mundo encargó la redacción del proyecto a un arquitecto de la zona, que con mucho mimo intentó encajar de la mejor manera posible una casita en esa estrecha parcela. Por azares del destino, en 2008, la quiebra de un banco en la otra parte del mundo dio comienzo a una crisis mundial nunca vista con anterioridad. Y dejó en evidencia la veracidad del efecto mariposa. Mario, que tiene una empresa de toldos y cerramientos, tuvo que posponer desgraciadamente la construcción de su retiro onírico.

Cuando la bonanza económica volvió a estar a su favor, intentó retomar el proyecto y pese a los gastos extras que esto supondría, no había nada en el mundo que ahora pudiera frenarle. Nada, excepto el cambio de técnico municipal y la nueva interpretación de una línea gorda a lápiz en un plano antiguo de papel. Plano que todavía no está digitalizado y por lo tanto una línea no es una línea, sino un polígono. Las líneas no tienen espesor, esta tiene unos 4 metros de ancho, y si hubiera sido dibujada con rotulador tendría 6.

Bajo esta nueva interpretación, este límite, que tiene como más que respetable objetivo proteger el lindero marítimo de construcciones abusivas, se convierte en el mayor enemigo del mismo pueblo, pues no impide que las casas ya construidas encima de la costa permanezcan estando ahí, a la vez que desarticula la formación de las manzanas traseras. En este caso en particular, el salón de Mario Neta sufre un corte diagonal en toda su longitud. Produciendo así una falta de alineación a la manzana y generando un pequeño espacio residual en el pueblo. Carne de cañón para meados de perros y acumulación de basura.

Lamentablemente las ciudades no las definen ni los arquitectos ni siquiera el sentido común, las definen el miedo de algunos técnicos a tomar decisiones razonables y prósperas para la ciudad.

50 cm de macizo y hasta 2 m de seto

50 cm de macizo y hasta 2 m de seto

“La administración, parece más preocupada por autoprotegerse sobre el papel, que de garantizar una adecuación racional y positiva entre realidad y normas 

Cuando uno tiene que trabajar con una profusión ingente de normativas técnicas, ordenanzas y condiciones urbanísticas para poder resolver problemas funcionales o de programa de necesidades en un proyecto, se enfrenta a un frustrante combate por la supervivencia de la idea y el encaje de esta en una rigidez no pocas veces fuera de toda lógica racional.

La normativa tiene un sentido práctico y pragmático que busca garantizar aspectos esenciales para la salud de nuestra sociedad que abarcan desde la seguridad jurídica, a la consecución de unas dignas condiciones de seguridad, salubridad y habitabilidad, la preservación de un orden y una uniformidad urbana o la protección del patrimonio, por mencionar solo algunos de ellos.

Pero en un país con un sistema administrativo multicompetencial en el que fabricar normas y leyes es deporte nacional, nos encontramos con una amalgama de requerimientos normativos muchas veces solapados y contrapuestos, en el que conviven normas obsoletas con más de 20 años (sin ir más lejos el Plan General de Ordenación Urbana de 1998 de Almería) con otras recién paridas y adelantadas a su tiempo en previsión de una transformación a futuro.

Y en este ambiente, la administración, parece más preocupada por autoprotegerse sobre el papel, que de garantizar una adecuación racional y positiva entre realidad y normas. Ejemplos tenemos muchos, pero voy a mencionar solo uno muy fácil de entender. La famosa ordenanza de vallados en vivienda unifamiliar aislada y/o adosada en Almería. Esta establece que los vallados tendrán una altura máxima de 50 cm, pudiéndose completar con setos y elementos diáfanos hasta una altura máxima de 2 metros. No hay más que darse una vuelta por Nueva Almería, Costacabana o Ciudad Jardín para comprobar el total y absoluto fracaso de este ridículo precepto, ante el cual la administración prefiere hacer la vista gorda contentándose con que sobre el papel los vallados se representen con arreglo al estricto cumplimiento del artículo, frente al esfuerzo que supone modificar la norma o al no menos desagradable ejercicio de la acción de inspección, sanción y corrección perceptiva.

Hacerle entender al cliente que en su proyecto, la valla ha de tener 50 cm de altura, completada con un seto hasta los 2 metros, cuando se encuentra rodeado de una colección de flagrantes incumplimientos, y sin una sola valla adecuada a norma hasta donde alcanza su mirada es un ejercicio abochornante.

Jose Moreno  y  Javier Peña

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