50 cm de macizo y hasta 2 m de seto

“La administración, parece más preocupada por autoprotegerse sobre el papel, que de garantizar una adecuación racional y positiva entre realidad y normas 

Cuando uno tiene que trabajar con una profusión ingente de normativas técnicas, ordenanzas y condiciones urbanísticas para poder resolver problemas funcionales o de programa de necesidades en un proyecto, se enfrenta a un frustrante combate por la supervivencia de la idea y el encaje de esta en una rigidez no pocas veces fuera de toda lógica racional.

La normativa tiene un sentido práctico y pragmático que busca garantizar aspectos esenciales para la salud de nuestra sociedad que abarcan desde la seguridad jurídica, a la consecución de unas dignas condiciones de seguridad, salubridad y habitabilidad, la preservación de un orden y una uniformidad urbana o la protección del patrimonio, por mencionar solo algunos de ellos.

Pero en un país con un sistema administrativo multicompetencial en el que fabricar normas y leyes es deporte nacional, nos encontramos con una amalgama de requerimientos normativos muchas veces solapados y contrapuestos, en el que conviven normas obsoletas con más de 20 años (sin ir más lejos el Plan General de Ordenación Urbana de 1998 de Almería) con otras recién paridas y adelantadas a su tiempo en previsión de una transformación a futuro.

Y en este ambiente, la administración, parece más preocupada por autoprotegerse sobre el papel, que de garantizar una adecuación racional y positiva entre realidad y normas. Ejemplos tenemos muchos, pero voy a mencionar solo uno muy fácil de entender. La famosa ordenanza de vallados en vivienda unifamiliar aislada y/o adosada en Almería. Esta establece que los vallados tendrán una altura máxima de 50 cm, pudiéndose completar con setos y elementos diáfanos hasta una altura máxima de 2 metros. No hay más que darse una vuelta por Nueva Almería, Costacabana o Ciudad Jardín para comprobar el total y absoluto fracaso de este ridículo precepto, ante el cual la administración prefiere hacer la vista gorda contentándose con que sobre el papel los vallados se representen con arreglo al estricto cumplimiento del artículo, frente al esfuerzo que supone modificar la norma o al no menos desagradable ejercicio de la acción de inspección, sanción y corrección perceptiva.

Hacerle entender al cliente que en su proyecto, la valla ha de tener 50 cm de altura, completada con un seto hasta los 2 metros, cuando se encuentra rodeado de una colección de flagrantes incumplimientos, y sin una sola valla adecuada a norma hasta donde alcanza su mirada es un ejercicio abochornante.

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