Brasilia con doble de queso y patatas

“Proyectar es un esfuerzo creativo complejo que exige entender el lugar, y esto a veces entra en conflicto con el genio creativo

¿Ha de ser el lugar un parámetro determinante para la arquitectura? Más allá de los evidentes condiciones geométricas, como puedan ser la forma del solar, su tamaño y la topografía, el carácter o la esencia del entorno y el lugar son el punto de partida de todo proyecto arquitectónico. Al menos así nos lo metían años tras año hasta en la sopa en la escuela de arquitectura. El edificio no puede ser ajeno a su entorno. Ha de dialogar con él. Puede mimetizarse y no hacer ruido, o por el contrario desafiar con estridencia y provocación, pero en cualquier caso, cada proyecto ha de ser único y para el lugar en el que se asienta y ha de responder a un sentido de implantación.

Esto requiere de un esfuerzo creativo complejo, de mucha reflexión y de algo de humildad, pues hay que leer el lugar y lo que este demanda, lo que en ocasiones entrará en conflicto con las expectativas del genio creativo.

Cierto es que el mundo está lleno de grandes ejemplos de la arquitectura clásica en la que esto aparentemente no era así. Sin ir más lejos, nos podemos encontrar decenas de templos griegos y romanos que obedecen a unas estrictas reglas de composición arquitectónica, que modulan bajo el lenguaje de los órdenes clásicos un conjunto de tipologías que pudieran ser intercambiables. En el fondo eran un poco como las franquicias de hoy. Cada villa encargaba su templo, su logia y su terma. Los Ikea de la época, pero en alabastro y con capiteles.

Hace unos días he tenido la ocasión de visitar uno de esos lugares que me ha hecho reflexionar sobre estas cuestiones. Al borde de la ribera este de la Ría de Avilés se sitúa el Centro Niemeyer. Este inmenso palacio de congresos y centro cultural se construye al regalar el arquitecto Oscar Niemeyer el proyecto al principado tras ser galardonado con el premio Príncipe de Asturias en 1989. El complejo se edificó entre los años 2008 y 2012, y fue terminado cuando el arquitecto aún vivía, pero dado que tenía 103 años no pudo asistir a su inauguración. Este arquitecto brasileño, es uno de esos maestros de la arquitectura internacional que ha dejado su impronta en el mundo. Pero en este caso, esta obra en mi opinión es un homenaje en sí misma y a sí mismo. Bien pudiera estar en Avilés, que en Oviedo, Gijón o Granada si los premios fuesen los Príncipe Nazarí. El efecto hubiese sido el mismo. Y desde el más absoluto respeto al arquitecto, en mi opinión, esto chirría. Es como una pequeña Brasilia, pero del Aliexpress.

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