De Uderzo a Hergé

“El valor de la narrativa gráfica de las historias con su singular estilo definido por trazos de línea limpia marcaron un antes y un después.

De niño nunca me atrajeron demasiado los cómics. Y todo ello a pesar de que vivía rodeado de tebeos. Mi hermano era un auténtico devorador Mortadelos, y junto con mi madre, una autoridad en el mundo de Tintín. Se pasaban las tardes intentando pillarse el uno a la otra en cualquier detalle menor de alguna viñeta en algún título concreto hasta el punto de ser cargante para todos los que los teníamos que aguantar con cierto estoicismo su juego. En aquellos tiempos aún no se había acuñado el término friki, pero el apelativo dicho desde el cariño sería el idóneo.

Sin embargo, sí recuerdo que me llamaban la atención los cómics de Astérix. En casa de mis abuelos maternos junto con todos los Tintines había una buena cantidad de ejemplares bastante desgastados de las aventuras del irreductible galo y sus fieles compañeros Ideafix y Obélix.

De entrada el estilo gráfico de Uderzo me cautivó. Su forma de dibujar, tal vez algo más infantil y cercana al mundo de la caricatura me hacía pasar horas mirando y remirando las viñetas sin apenas prestar atención a los diálogos. La recreación de los ambientes y escenarios es magistral. Las panorámicas e imágenes aéreas que dan comienzo a cada momento de la historia, ya sea llegando a la acrópolis de Atenas o al foro romano bien podrían utilizarse en las clases de historia de la arquitectura, y pondría la mano en el fuego a que la labor documental, al igual que en el caso de Hergé fue de primer nivel.

Hoy, ya con cierta perspectiva y tras haberme acercado casi que como una obligación autoimpuesta a la obra de Hergé, he podido captar el valor de la narrativa gráfica de las historias del reportero Tintín. Su singular estilo definido por un cuidado empleo de la perspectiva,  de trazos de línea limpia, dibujos   muy   depurados, de colores planos y sin sombras, marcaron un antes y un después.

En ambos casos, la arquitectura está muy presente. En Tintín se aprecia con claridad el interés de Hergé por las máquinas modernas. Abundan los aviones, barcos, lanchas motoras, cohetes y vehículos perfectamente detallados, pero para construir los espacios arquitectónicos no se quedaba atrás y se basaba en ejemplos tomados del mundo real. El castillo de Cheverny en la región del Loira fue reproducido con todo detalle para recrear Moulinsart, la residencia del capitán Haddock.

En el caso de Astérix, desde el trazado urbano de la aldea gala, hasta la mesa del banquete final con el bardo amordazado son arquitectura en estado puro.

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