El abismo de Helm (II)

“Es el máximo representante de una casta de servidores de un sistema que se sirve a si mismo.

Estoy intentando cerrar el artículo en esta segunda parte, pero me temo que tengo material para XXVII capítulos como poco. Estoy por cambiarle el título por el de “Doctor Who”. Pero vamos a hacer el esfuerzo de rematar en las pocas líneas que tenemos.

Hace un par de semanas, disparé en modo ráfaga contra la burocratización deshumanizada de nuestra queridísima estructura de la administración pública. Hoy voy a tratar un pequeño ejemplo de los muchos que he vivido en primera persona.

Hace unos años me encontraba terminado las obras de un pequeño proyecto de dos viviendas unifamiliares de dos plantas en la popular zona conocida por todos como “La Vega de Acá”. La parcela se encuentra rodeada de edificios plurifamiliares de más de 7 plantas y a escasos metros de las fastuosas Torres de la Térmica.

Como es perceptivo, por ridículo que parezca, se tramitó la correspondiente autorización a aviación civil por encontrarnos dentro del cono de aproximación de la pista 08 del aeropuerto de Almería (aun estando rodeado de edificios de 6 a 10 alturas más). Todo correcto. Se aportó la documentación con la sección del edificio, y en unos 4 meses llegó de Madrid el tan ansiado “favorable”. A construir.

Al terminar la obra e ir a solicitar la licencia de ocupación, el técnico municipal detecta en los planos de final de obra que el edificio “ha crecido en altura” 15 centímetros. Todo correcto, dentro de norma y ordenanza. Pero… A su criterio procede tramitar nuevamente autorización de altura a la agencia estatal de seguridad aérea, no sea que algún despistado piloto se tropiece en la aproximación. No hubo forma de convencerlo de lo contrario, y otros 3 meses de paralización. Huelga decir que hice lo indecible por evitarlo. Incluso conseguí hablar con los ingenieros de AESA que no salían de su estupor ante semejante patochada, a la que dieron curso “procurando agilizar el trámite dadas las circunstancias”. Dicho por un compañero suyo de licencias, mi error fue no falsear la sección de final de obra.

El ilustre técnico municipal, hoy ya felizmente jubilado, se pasea con su gorra por la ciudad. Hoy le dedico a él este artículo con inmenso cariño, pues han sido muchas como esta a lo largo de nuestro devenir profesional. Él es el máximo representante de una casta de servidores de un sistema que se sirve a sí mismo. Puede dormir tranquilo, y los pasajeros del CRJ-1000 de Airnostrum que a diario sobrevuelan los 15 centímetros de la discordia, también.

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