El sofá de la cocina

“Generamos un apego casi ridículo por escenarios de cartón piedra

Es difícil hoy en día encontrarse con alguien que no tenga en mente una serie de televisión con la que se identifique, o por la que no sienta un especial afecto emocional. Vivimos en unos tiempos en los que pasamos muchas horas de nuestra vida pegados a la “caja tonta” como medio de evasión o dispersión en un modo de vida acelerado y pasado de vueltas. No hace tanto tiempo, el ser humano pasaba sus días del alba a la noche en una rutina homogénea que se repetía generación tras generación sin apenas variaciones y sin más aspiración que ver un nuevo amanecer.

Desde un punto de vista arquitectónico, me resultan especialmente interesantes las sitcom o comedias de situación. Este tipo de series desarrollan una trama en escenarios repetitivos, generalmente en interiores, y con una línea argumental continua que puede llegar a prolongarse décadas. Vemos como crecen y envejecen los protagonistas, pero por lo general, sus casas se mantienen prácticamente inalteradas. Esto llega a crear en nosotros una apego casi ridículo por ese escenario de cartón piedra, que acabamos entendiendo como propio.

Podría empezar y no pararía recordando casas de series que han marcado época. La casa de los Banks en El príncipe de Bel Air, La impresionante mansión del 165 de Eaton Place de Arriba y Abajo, o los apartamentos de series como The big bang theory o Friends. Todos ellos cuidadosamente estudiados para el rodaje de plano fijo en el que la cuarta pared literalmente desaparece, haciéndonos evadir de la realidad para participar de las cotidianas escenas con las que llenamos los ratos muertos a lo largo de los días.

Un ejemplo de este ficticio apego lo sufrí cuando tras 9 o 10 temporadas de la serie de Dos hombres y Medio en la que se había producido el cambio del principal protagonista Charlie Sheen por Ashton Kutcher, un día de buenas a primeras, deciden redecorar la vivienda de Malibú para darle un aspecto más ecléctico, moderno o renovado. Bien es cierto que el cambio de protagonista fue radical, y que la serie en mi opinión perdió el 80% de su interés, pero el cambio operado en la vivienda para mí fue casi el golpe de muerte.

Es muy probable que tras el giro de personaje fuese necesario romper la vinculación con el anterior crápula y carismático propietario, pero para mí la vivienda era un protagonista más, y un eje central de la historia. Sin ella ya nada volvería a ser lo mismo. Bien mirado tal vez fue un acierto matar a la casa junto con el tío Charlie.

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