El valor de lo intangible

“Detrás de una obra hay una gran cantidad de intangibles y de esfuerzos ocultos que comienzan desde el mismo momento en el que se recibe el encargo

Hay una anécdota que mi padre, también arquitecto, cuenta y que siempre me ha hecho mucha gracia. Siendo yo pequeño, jugando en el suelo, una de las visitas que esa tarde había por casa se me digirió y me preguntó, ¿Tu qué, de mayor vas a hacer casas como tu papá? A ello al parecer contesté con lacónica naturalidad, No, mi padre no hace casas. Mi padre dibuja en papeles grandes.

Y no me faltaba razón. Recuerdo con añoranza deambular por el estudio de mi padre. Un lugar colmatado de estanterías con carpetas y largos tubos llenos de papeles enrollados, y una gran sala alargada con tableros inclinados, donde un grupo de señores muy simpáticos que manejaban unos utensilios la mar de apetecibles para los ojos de un niño se afanaban en materializar un sinfín de complejos “mapas” a lápiz y luego a tinta en unas enormes sábanas transparentes. El día que conseguía escamotear un portaminas y un par de plantillas de dibujo me sentía el rey del mundo. Los cromados y ultra tecnológicos compases y bigoteras, o los “Rotring” eran algo que sabía que no podía ni soñar con tocar.

Y es que tras esa inocente respuesta propia de un niño, se esconde una importante idea que me ha hecho reflexionar en no pocas ocasiones. El valor de lo intangible.

El fin último del arquitecto es materializar y construir lo que proyecta, siendo el proyecto y todo lo que tras ello se esconde, el medio para alcanzarlo. Y en el fondo, el proyecto en si mismo, no deja de ser un tremendo intangible, que si bien en ocasiones alcanza un valor en si mismo pues hay auténticos documentos de proyecto que son verdaderas obras de arte gráficas, en comparación con el resultado de la obra una vez construida, no pasa de ser un mero documento técnico y que a ojos de muchos se encasilla en el paquete de “los papeles”. Ese conjunto de imperativos legales necesarios para ir pasando los filtros burocráticos que el sistema nos impone para culminar el proceso.

Detrás de una obra hay una gran cantidad de intangibles y de esfuerzos ocultos que comienzan desde el mismo momento en el que se recibe el encargo. Desde el análisis previo sobre las pretensiones y requerimientos del encargante, pasando por la adecuación de estos deseos con las posibilidades presupuestarias y las limitaciones de la normativa urbanística. Largas horas de esfuerzo y reflexión para armar el puzzle que será el germen de lo que al final para bien o para mal quedará en forma de ladrillos y hormigón.

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