Fundación e Imperio

“Es el germen de un género del que han bebido los míticos universo de Star Wars, Star Trek, Dune o Galáctica

Se nos va agosto. Mes vacacional por excelencia y antesala del mes de los coleccionables del quiosco, los Corticoles y cómo no, de ir buscando alguna serie de televisión nueva que nos haga menos dura la vuelta a la por otra parte, tan sana y deseada rutina.

Andaba yo ayer enredando en mis cosas, cuando de pasada vi anunciado en una de las famosas plataformas de TV de pago el inminente estreno de una serie que llevaba años soñando con que alguien produjese: Fundación. Reconozco que tal vez mi afán por esta mítica Space Ópera del prolijo Isaac Asimov me haga crear demasiadas expectativas y acabe por derivar en frustración y decepción. No obstante, trataré de abrir la mente y comprender que las licencias del productor, los medios tecnológicos actuales, y las imposiciones sociales, comerciales y morales de nuestro tiempo habrán dado lugar a un resultado que diferirá del universo descrito por el autor y del posteriormente figurado e idealizado por mí tras releer varias veces la saga completa. Para empezar, al ver el tráiler (espectacular por supuesto), me pareció entender que Gaal Dornick, discípulo de Hari Seldon, ocupa un papel central y cómo no, ahora es mujer… y negra. Las cuotas son las cuotas y ya estamos acostumbrados, pero ¿De verdad es necesario cuando en la propia historia hay personajes medulares y trascendentales del género femenino como son Dors Venabili, Wanda Seldon o Arcadia Darrell?

Para los que no conozcan esta saga o serie de novelas (iniciada en los primeros años 50 del pasado siglo con la trilogía original), podríamos decir que son el germen de un género del que han bebido los míticos universos de Star Wars, Star Trek, Dune o Galáctica por mencionar los más conocidos. Ciencia, tecnología, sociología, misticismo, robots y política se amalgaman en un universo en el que la humanidad se ha expandido por la galaxia, con una ambientación que combina lo medieval con el clasicismo griego, y que de forma atemporal nos hace reflexionar sobre los grandes problemas de la humanidad.

Especialmente interesante me resulta el concepto de mundo ciudad (Trantor en Fundación). Mundo cupulado en el que solo queda libre un pequeño jardín en el centro del cual se sitúa el palacio imperial. Veremos cómo han recreado este decadente complejo administrativo desde el que se gestiona el imperio, y si como en el caso del género de los personajes, las cuotas también han migrado el urbanismo de Asimov a lo políticamente correcto.

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