Horizonte infinito

“El proceso germinal de las ideas ha de arrancar en de algún punto de partida. Siempre se requiere de algún punto de apoyo que nos permita cimentar el discurso.

Que difícil resulta sentarse delante de un papel en blanco y empezar a crear. Aunque la primera sensación que se tiene es de absoluta ilusión y de un optimismo energizante ante la perspectiva de libertad y de oportunidad, pasada esa borrachera inicial se pierde sustentación y se produce una irrefrenable caída al soporte terrenal en el que las inseguridades, la necesidad de referencias y la soledad ante los desafíos creativos reemplazan a la arrogancia, la ingenuidad y a la vanidad que de forma humana e inconsciente nos acompaña desde muy pequeños.

El proceso germinal de las ideas, que es distinto en cada una de las disciplinas artísticas, ha de arrancar de algún punto de partida. Siempre se requiere de algún punto de apoyo, de algún asidero que nos permita cimentar el discurso conceptual a partir del cual se desarrollará la idea que deriva en el resultado materializado al final del proceso.

Si dejamos de lado las artes más conceptuales y autosuficientes, como puedan ser la escultura, la pintura, la poesía o el arte experimental en general, en los que las fuentes de inspiración pueden llegar a ser primarias en extremo (la búsqueda de una sensación, la provocación, un color o un recuerdo…)  en el resto de las disciplinas, y muy especialmente en la arquitectura, los condicionantes de partida, son algo menos etéreos y si bien encorsetan la creatividad, acaban siendo esos esos asideros a los que amarrar el proyecto, gracias a los cuales muchas veces acaba cobrando su sentido creativo y original.

Por ejemplo, en el mundo de las estructuras, dependiendo de las coacciones tendremos distintos “grados de libertad” que harán que una estructura se comporte de una forma u otra frente a los esfuerzos. No es lo mismo una articulación que un empotramiento, y esto condiciona el diseño estructural, y por derivación el diseño arquitectónico. No trabaja igual una estructura adintelada que un arco, y ello tiene su reflejo en la forma.

Al final, la forma compleja del solar, su orientación, las características del entorno inmediato, El programa de necesidades del edificio, las cuestiones presupuestarias, las normativas urbanísticas o la propia gravedad y el inexorable efecto que provoca en los cuerpos pesados pueden llegar a convertirse en auténticos dictadores que de entrada cercenan las ansias de volar. No obstante, si no fuese por ellos empezar a trazar sobre un infinito papel en blanco se convierte en un frustrante acto de fe.

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