La conjura de los necios

“Es la película que todo el mundo en Hollywood desea rodar pero nadie quiere financiar

Mucho se está tardando en llevar a la gran pantalla está magistral obra literaria. Me consta que intentos ha habido, y no menores por cierto. Hubo un proyecto en el que John Belushi sería el encargado de encarnar al obeso antihéroe Ignatius Reilly, pero su repentino fallecimiento por sobredosis en los prolegómenos de la negociación del contrato, dieron al traste con todo el proyecto. Will Ferrell o John Candy, al que el papel le hubiera ido que ni pintado, también fueron tentados. Pero no llegó a cuajar. Ferrell llegó a decir de ella que “Es la película que todo el mundo en Hollywood desea rodar pero nadie quiere financiar”.

Para los que no hayan leído esta obra, decirles que ya están tardando en acercarse a la librería a por una edición de bolsillo. No se van a arrepentir de ello. Todo en esta obra es singularmente curioso e interesante. Empezando por el hecho de que fue publicada póstumamente casi 20 años después de haber sido escrita. El autor, John Kennedy Toole se suicidó a los 31 años, y su madre se dedicó a visitar editores con el manuscrito hasta que este reparó en manos del novelista Walker Percy, quien cayó rendido ante la calidad de la obra. Se publicó en 1980, ganando al año siguiente el Premio Pulitzer de novela.

Me resulta difícil encuadrar en algún género concreto esta novela, entre la tragedia y la sátira irónica, con grandes dosis de surrealismo. Creo que icónicos personajes como Torrente o el vendedor de cómics de la popular serie de “Los Simpsons” le deben mucho a Ignatius.

El protagonista es un ser decadente y desagradable, incapaz de emanciparse pues se niega a trabajar, y que vive de su madre anciana, mientras libra una cruzada imposible con el mundo moderno que le rodea, carente totalmente de “geometría y teología”. Él es un auténtico cruzado medieval, con un sentido de la moral desternillante, y que se verá sometido a una serie de desgracias y accidentales catástrofes en su viaje existencial.

La trama se desarrolla en Nueva Orleans, en la que su peculiar arquitectura colonial criolla está muy bien retratada creando una atmósfera que logra transportar al lector a las calles del Barrio Francés, dejándole la sensación de haberlo conocido.

Espero que alguna de las nuevas plataformas de contenidos audiovisuales apadrine un proyecto, pues una serie sobre las peripecias del icónico Ignatius daría para unas cuantas temporadas de diversión. Mientras tanto, merece la pena releer esta atemporal joya literaria.

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