Los muebles de Pablo

“Recurrir a lo material para devolvernos los recuerdos de sus actos se convierte en el medio más directo de la memoria”

Cuando estamos son nuestros actos los que nos definen. Como nos relacionamos con los demás o como nos expresamos, andamos o nos vestimos. Como afrontamos nuestros éxitos y nuestros fracasos. La gran mayoría de la población mundial vive en sociedad, porque en cierta manera nos necesitamos. Las relaciones entre las personas son el germen de nuestra evolución. Y cada cual como individuo expresa continuamente, queriendo o sin querer, su personalidad, su forma de ser o de pensar, bien sea de una manera sutil, explícita, mediante el engaño o mediante la más pura sinceridad.

Ahora bien, cuando no estamos, no son nuestros actos los que nos definen, sino lo que queda de nosotros; el recuerdo romántico del ambiente que se generaba cuando contaba un chiste polémico o la imagen en nuestro cerebro de cualquier acto tan costumbrista como colocarse el pelo detrás de las orejas. Reconstrucciones en nuestra mente que al principio son nítidas como las piedras en la orilla de un rio transparente pero que con el tiempo se van difuminando hasta transformarse en ambientes, en escenas borrosas, y a la vez tan reales como lo pueden ser un sueño o la construcción mental de una realidad al leer una novela.

En cierta manera, no solo nuestros actos nos definen, también lo hacen nuestras pertenencias, nuestras cosas. No sucede de una manera tan evidente cuando seguimos vinculados a ellas, ya que nuestros actos siempre van un paso por delante haciendo sombra a lo material. Pero al separarse la persona y el objeto, el inexorable paso del tiempo hace que recurrir a lo material para devolvernos los recuerdos de sus actos se convierte en el medio más directo de la memoria.

Incluso podemos llegar a asociar directamente cosas físicas a sensaciones emocionales: un casco con cuernos de vikingo y una guitarra eléctrica de Paul Stanley colgada en la pared son diversión y emoción. Unos tenis son tu día a día, y tu sofá y tu mesa son tu tarde y tu noche. Las cosas pueden definir a las personas, y efectivamente lo hacen. Todo lo que hay a tu alrededor; el color de la funda de tu móvil, la decoración de tu estantería o incluso la letra a mano en tus apuntes del colegio. A fin de cuentas vivimos en contenedores cerrados por un suelo, un techo y cuatro paredes. Como vivas ese espacio y como decidas llenarlo de objetos va a definir no solo tu forma de vida en esos momentos, sino a ti mismo cuando ya no estés.

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