La persiana

“Si construimos una casita en Sierra Nevada, seguramente resolvamos la evacuación de aguas mediante una cubierta inclinada

Existe un amplio abanico de posibilidades a la hora de abordar un proyecto arquitectónico y dependiendo desde que perspectiva se trabaje, pueden llegar a ser muy amplias. Algunas decisiones de partida están determinadas por ideas o conceptos más o menos acertados. Sin embargo, existen otros parámetros fundamentales que ni siquiera son elección del autor. Hablamos de aspectos tan relacionados con la cultura o el entorno que se integran de tal manera en la arquitectura que no somos ni conscientes de su presencia. Si se diseña una torre en Nueva York, lo normal sería que la estructura sea de vigas y pilares de acero; si construimos una casita en Sierra Nevada, seguramente resolvamos la evacuación de agua mediante una cubierta inclinada.

Si nos alejamos de los temas meramente constructivos y de su economía de medios, nos encontramos con la verdadera raíz de todos ellos: la cultura, o más comúnmente llamadas, costumbres. Que no son más que el conjunto de todas las condicionantes que hacen que una sociedad sea como es. Existen una infinidad de factores que intervienen en la forma de ser de un conjunto de personas, desde el clima hasta la orografía del terreno, pasando por su historia, su idioma o su religión. Todos ellos crean una nube de condicionantes, algunos claramente identificables y otros bastante difusos, los cuales, ni siquiera un habitante de esa región será capaz de explicar.

He aquí la verdadera razón por la que tanto en España como en otros países vecinos con un cultura similar, la presencia de persianas en todas y cada una de las ventanas se presenta como “lo normal”. Evidentemente tienen un carácter puramente utilitario, ya que necesitamos protegernos de la abundancia del sol, pero su presencia va un paso más allá. Responde a una forma de vida privada en la vivienda. La cultura mediterránea, incluso la latina, se caracteriza por la vida social en la calle, frente a la intimidad del hogar. Mientras que la cultura anglosajona o del norte de Europa sigue la vía contraria, donde la vida social se suele realizar en la vivienda.

Por este motivo, nos encontramos con la típica vivienda de muro, ventana y persiana en Almería y su antónima, la vivienda de vidrio y cortina en Rotterdam. Quizás no es solo porque necesiten recoger la mayor luz posible, sino porque siempre tienen el salón muy ordenado y no tienen nada que ocultar, mientras que nosotros tenemos que esconder los platos sucios en el lavavajillas cuando vienen visitas.

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