Las puertas como oportunidades de cambio

“Esa sensación de estar en un aburrido centro comercial y atravesar ese arco azul para comenzar una experiencia onírica. 

Hay un paso entre el interior de un espacio y el exterior, un paso encuadrado en un rectángulo de unos 2,10 metros de altura y 80 cm de ancho, enmarcado por un dintel y cuatro tapajuntas. Ese paso es el que determina si entras o sales, un acto tan interiorizado que nunca reparamos en él. Excepto cuando nos prohíben hacerlo. Cuando no puedes salir o entrar, empiezas a valorar ese bello instante en el que sin querer agachas un poco el cuello, miras al suelo y cambias de espacio como si fueses un jugador de fútbol saltando al campo en la final de la Champions.

Si nos ponemos a pensar, seguro que encontramos una infinidad de puertas que no llevan a ningún lado y que tirarían por la borda esta intencionalidad de cambio propuesta. La puerta de Brandeburgo en Berlín, o el Arco del Triunfo de París no te llevan a ninguna parte, pasas de estar en la calle a estar en la calle, pero eso sí, con honores. No cambias de espacio pero si cambian las emociones. Esta transición no tiene por qué implicar una evidente alteración física, sino simplemente un nuevo estado mental.

Las puertas en las pirámides de Giza, al menos las que conocemos de momento, son pequeñas y oscuras, sin embargo, las puertas de cualquier Catedral son grandes portones desproporcionados al cuerpo humano, pero a escala con el resto de la obra. La primera nos lleva a una cámara funeraria y la segunda al encuentro con Dios. Indudablemente tienen que ser diferentes, pero ambas necesitan que alguien las atraviese para tener un sentido, para no ser solo parte de una bella fachada, sino con el fin de recibir ese significado tan místico que tienen.

Por algo recordamos las tiendas Imaginarium simplemente por sus puertas, ya que permiten que los más pequeños pasen por su propia entrada a un mundo diseñado para ellos: el mundo de los juguetes. Esa sensación de estar en un aburrido centro comercial y atravesar ese arco azul para comenzar una experiencia onírica es lo mejor que nos puede pasar, por eso, los que la hemos cruzado de chicos, mantenemos ese recuerdo sensorial grabado a fuego.

Toda gran aventura comienza atravesando una puerta y si no, que se lo pregunten a Frodo cuando salió de su acogedora casita de La Comarca. No solo nos ofrece una oportunidad de cambio, sino que nos vomita a la cara que algo va a cambiar, quieras o no. Algo va a cambiar. Cuando coges la cartera, el móvil, las llaves y sales de casa, algo va a cambiar.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *