Less is more

“El caracter atemporal de la arquitectura del movimiento moderno fundamenta sus principios en la búsqueda de una pureza ajena a los artificios

No puedo ocultar mi pasión por el género de ciencia ficción en la literatura y por ende, en el cine. Me gustan casi todos los subgéneros. Desde las space-ópera, las utopías, distopías y ucronías, hasta la ciencia ficción dura, el retrofuturismo o el steampunk. Pero de todo lo leído, siento una especial predilección por las obras clásicas de mediados del XX, y que sentaron las bases de lo que hoy ha acabado siendo una fuente de producción cinematográfica constante.

Además de la excelente narrativa de los prolijos escritores del género de esa época, la visión de los futuros que plantearon en su momento ha soportado bien el paso del tiempo. Sus ideas conceptuales sobre las ciudades y la arquitectura del futuro estaban a buen seguro imbuidas por la vorágine conceptual del movimiento moderno. Sobriedad, elegancia, función y forma, ecologismo y vanguardia fueron conceptos que de forma experimental se desarrollaron en arquitectura entre los años 20 y 60 del pasado siglo y que proyectan a la humanidad hacia los confines del espacio y del tiempo.

Cuando uno lee a Asimov, Herbert, Huxley o a Bradbury, es casi imposible no visualizar la arquitectura de Oscar Niemeyer y Lucio Costa en Brasilia, la Villa Saboya de Le Corbusier o la terminal de la TWA de Eero Saarinen. Desde la máxima del “menos es más” se diseñaron ciudades futuribles en las que formas puras conviven con la naturaleza y en las que la escala de lo humano se asienta en el plano de la función en perfecta armonía con la majestuosidad de la composición a escala urbana. El contraste con los futuros hipertecnificados y de ciudad máquina imaginados por los autores del periodo anterior e influenciado por la revolución industrial tardía, el desarrollo de la arquitectura del hierro, el ferrocarril o los inicios de la aviación es más que notable.

Tal vez una de las claves del éxito en la ambientación de este efervescente periodo de creación literaria en la ciencia ficción es el carácter atemporal de la arquitectura del movimiento moderno, que fundamenta sus principios en la búsqueda de una pureza ajena a los artificios.

Un buen ejemplo de esta atemporalidad lo podemos encontrar en la película Gattaca. Una distopía transhumanista ambientada en un ecléctico futuro rodada en edificios de Frank Lloyd Wright. La paz y la serenidad de su ambientación podría situarse en cualquier momento de un futuro más o menos lejano.

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