Miradas desnudas

“Podríamos discutir si el tejado es el pelo o si la puerta es la boca, pero sin lugar a dudas, las ventanas son los ojos.

Para todos aquellos que ven dragones en las nubes, si pudiéramos asociar una fachada a un rostro, evidentemente las ventanas serían los ojos. Podríamos discutir si el tejado es el pelo o si la puerta es la boca, pero sin lugar a dudas, las ventanas son los ojos. Y no solamente los ojos por los que el edificio mira al exterior, sino también por donde el exterior puede mirar al edificio. Estas aperturas configuran la expresión formal de la obra a la vez que intrigan al viandante acerca de su interior. ¿Qué habrá ahí dentro? Si vemos una ventana alta y pequeña probablemente será un baño, si nos encontramos con una estrecha y vertical, quizás sea una caja de escaleras, y si vemos un gran paño de vidrio seguro que corresponde a una estancia importante como un salón o la cocina.

Los huecos pueden enmarcar paisajes construyendo cuadros vivos desde el interior, o bien, pueden responder únicamente a la necesidad de ventilación y luz que necesite cada estancia. Lo que sí queda claro es que se trata de elementos que atraen todas las miradas, a la vez que acogen los ojos interiores como si de una madriguera se tratase. Incluso en el desarrollo del proyecto más funcional posible, estos huecos son parte del formalismo inherente a cualquier obra plástica, ya que rompen muros, perforan planos verticales y otorgan y rompen el ritmo.

Ahora bien, las ventanas dependen en gran medida de los cristales, esa superficie trasparente que cierra el hueco donde no hay ladrillo. Y estos vidrios, por lo general, son finos y frágiles. Una simple piedra, o Flash dentro de su Speed Force, puede romperlos sin mucho esfuerzo. Dejando las viviendas desnudas a la maravillosa ventilación cruzada de la que tanto presumimos los arquitectos. El interior se convertiría en un espacio inhabitable y tendríamos que peinarnos cada mañana según el viento que hubiera ese día. Es paradójico pensar como un proyecto de vivienda colectiva donde el funcionalismo y la economía constructiva son los dos pilares en los que se suele asentar, quedan totalmente al servicio de unas finas láminas de vidrio, que curiosamente son los elementos más caros de cualquier fachada convencional.

Esta dicotomía ya la puso sobre la mesa Gordon Matta-Clark cuando reventó con una escopeta de aire comprimido todos los cristales del Instituto de Arquitectura y Estudios Urbanos de Nueva York la noche anterior a una conferencia de Peter Eisenman. Hoy solo la recordamos.

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