Póngame cuarto y mitad de modernez, por favor

“El diseño moderno por descontado, es la seña de identidad del estilo característico y propio de las ruedas de prensa provincianas”

“…El complejo tendrá un diseño muy moderno…” Este entrecomillado está extractado de unas recientes declaraciones de un político, pero podría pertenecer a una miríada de tantas otras que oímos a regidores, consejeros y ministros cada vez que tienen ocasión de plantarse frente a los medios a vender en primicia algún futuro proyecto de calado para el barrio o la ciudad. Y tiene gracia la cosa, pues el tiempo verbal empleado (futuro simple del indicativo), denota que el complejo aún está por gestarse y que la modernura dicho con ternura, es una premisa de partida para quien acabe siendo responsable de su materialización. Hazlo, pero que sea bien moderno.

Ha llovido ya desde aquellos tiempos gloriosos en los que pueblos, ciudades o aldeas del país se empeñaron con tesón y ahínco en la competición de las rotondas, pugnando por dar el grito más alto, para mayor gloria de sus promotores y deleite de sus ciudadanos. Una suerte de pintorescas escenas high tech, esculturas memorables en acero cortén, guitarras o morteros gigantes, marmóreos arcos del triunfo y puertas de Brandemburgo con iluminación multicolor tachonaron la piel de toro dejándola como el mapa de la típica película en la que los agentes del FBI marcan con chinchetas los lugares por los que el asesino en serie va dejando su reguero de sangre… salvo por el hecho de que no hay un patrón que conduzca a la resolución del caso. No caben ya mas chinchetas en el tablero y parece que no aprendemos.

Y es que el “diseño moderno por descontado” es la seña de identidad de este ecléctico estilo tan característico y propio de las ruedas de prensa provincianas, que se renueva y refuerza por cuatrienios. A fin de cuentas, lo moderno se acaba asociando inconscientemente con una costosa inversión, y eso siempre vende.

Las obras públicas, los equipamientos, los parques y jardines y la ciudad en última instancia han de obedecer a meditados criterios de necesidad, función y estética, y sus diseños podrán ser modernos, pero también vernáculos, integradores, modestos, silenciosos, transgresores o sostenibles en función de cada caso concreto. Buenos ejemplos de ello tenemos por el mundo con intervenciones ponderadas que no siempre han de ir acompañadas de fastuosos fuegos de artificio, de acero inoxidable o cristal alabeado. Dar por sentado que la ciudadanía solo va a ser capaz de comprar el último modelo, o el último grito, es algo que empieza a tufar a rancio.

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