¿Qué es el Sol?

“En estos primeros compases de la vida, el aprendizaje es el único recorrido que cualquier ser humano experimenta.

Mis padres me contaban, como una hazaña del pasado, cómo memorizaba el nombre de todas las capitales de los países europeos y las repetía sin parar una y otra vez. Apenas tendría 3 años de edad, pero eran más que suficientes para aprender cosas y disfrutar de ellas. A decir verdad, esos primeros años de vida nos los pasamos aprendiendo sin apenas darnos cuenta, realmente no sabemos nada, venimos del interior de una barriga sin contacto con el mundo exterior. Somos como aquellas personas  encerradas en la caverna de Platón, pero que al nacer y salir de la cueva nos damos de bruces con el mundo real en el que solo podemos aprender cómo funciona. Queda reservada para más adelante la intensa tarea de aportar o influir en él. En estos primeros compases de la vida, el aprendizaje es el único recorrido que cualquier ser humano experimenta.

Lo más común es que en estos primeros años no seas apenas consciente de que realmente cualquier interacción que tengamos con el mundo es puro aprendizaje. Desde abrir la tapa de un yogurt hasta imitar las expresiones coloquiales que escuchamos a nuestros padres y familiares. Casi todo se basa en la repetición inconsciente de la realidad que percibimos. Hasta que llega ese primer día en el que nos surge por nosotros mismos nuestra primera cuestión, que en mi caso fue: ¿por que hay una bola amarilla en el cielo? ¿Y por qué por la noche hay una bola gris? Ese primer momento en el que por ti mismo surge una duda, vas corriendo a quien tengas al lado y se lo preguntas. Entonces te responde y te explica qué es el Sol y qué es la Luna. Y tú ahí fascinado, pensando en la magnitud de esa bola de fuego y de cómo puede brillar tanto cada noche una bola gris que no emite luz. En ese preciso instante eres consciente de tu aprendizaje y sientes una enorme y sincera felicidad que es difícilmente comparable a cualquier otra, pero no por su grado de intensidad, sino por su singular naturaleza.

Este disfrute intelectual evoluciona a medida que vamos creciendo hasta que normalmente pasa a estar en un segundo plano ya que suele dejar de ser una opción para convertirse en una obligación. Tenemos que levantarnos todos los días a las 8 de la mañana para ir al colegio a aprender cosas, y es entonces cuando dejamos de interesarnos por ellas. Tendremos que esperar a que vuelva a nacer por nosotros mismos esa cuestión que nos remueva por dentro y nos enganche a seguir aprendiendo.

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