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“Sea de forma real o virtual, necesitamos de un soporte espacial o de una cobertura y un entorno que nos posicione

Si mi abuelo levantara la cabeza y viese que se puede llevar un teléfono en el bolsillo… Y no solo un teléfono; una agenda, un supercomputador, el banco y una ventana infinita a todo el conocimiento acumulado. Y todo a golpe de una orden ejecutada en cuestión de segundos.

Es casi un tópico aquello de que las cosas avanzan a una velocidad de vértigo, pero hay que reconocer que los cambios vividos en las dos o tres últimas décadas han sido monumentales y han creado nuevos paradigmas de lo que es y será la evolución de las sociedades. Cierto es que ha habido grandes revoluciones en momentos puntuales de la historia, pero un campesino del siglo IV vivía prácticamente igual que uno del siglo XII y casi que hasta uno del Siglo XVII… y esto ya no es así.

La revolución tecnológica, energética, digital y globalizadora ha reducido y compactado el inmenso mundo en el que vivíamos hasta el extremo de convertirlo en algo de tamaño casi doméstico. Cualquier persona se puede desplazar a las antípodas en cuestión de horas a un precio relativamente accesible. Pero es que además, sin ni siquiera tener que moverse del sitio se puede visitar y conocer cualquier parte del mundo con las tecnologías inmersivas y de realidad aumentada. Esto, que hasta hace bien poco sonaba a ciencia ficción, está más cerca de lo que parece, y es algo para lo que nos han estado preparando de forma casi que inconsciente. Nuestra capacidad de sorpresa está ya bajo mínimos.

La novela de Ernest Cline, adaptada a la gran pantalla por Steven Spielberg planteaba un futuro en el que el metauniverso es ya una realidad. Si bien el mundo real se encuentra en la más absoluta decadencia con casi todos sus recursos agotados, los seres humanos se refugian en un mundo virtual paralelo hiperconectado en el que poder desarrollarse, relacionarse y en definitiva saciar sus necesidades específicas como especie, y que a diferencia del resto de los seres vivos, trasciende de la mera supervivencia.

Al final, sea de forma real o virtual, el hombre necesita un soporte espacial o de una cobertura y un entorno que le posicione. El desarrollo de las arquitecturas virtuales es un campo ciertamente interesante y por explorar. Poder crear espacios y materializarlos virtualmente a un coste irrisorio, sin problemas como la gravedad, la resistencia de los materiales o la eficiencia o el consumo energético, que de forma inmersiva cualquiera pueda recorrer…es el sueño de cualquier creador. Si mi abuelo levantara la cabeza…

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