Regreso al futuro

“Una churrera gigante extruye un cordón de mortero, que capa a capa levanta muros y tabiques. 

Aparecen de forma recurrente noticias como sacadas de archivo o fondos de armario que nos dejan una sensación de déjà vu. Y es un efecto muy logrado pues aunque si nos esforzamos un poco acabamos recordando que eso ya nos lo contaron, tenemos la sensación de novedad, de primicia.

A veces se trata de la próxima misión programada a Marte para el 2025, 2030, 2035… otras veces es un asteroide que pasará rozando la Tierra y provocará un cataclismo que al final de la noticia resulta no ser tal pues lo hará a una distancia de 800.000 km, y otras nos desvelan que la arquitectura del futuro ya está aquí, ¡Casas que se construyen solas con una impresora 3D!

Es verdad que el término 3D, nos sigue impactando a pesar de que la percepción tridimensional es inherente a nuestra naturaleza. Vivimos en 3D desde que el ser humano tiene conciencia y capacidad de pensamiento abstracto. Pero lo cierto, es que la impresión 3D tiene ya algunas décadas, y las famosas impresoras 3D que son “capaces de construir una casa” (es mucho decir), se basan en un concepto y una tecnología inventada en los años 80 del pasado siglo.

La impresión 3D, tiene un gran potencial en muchos campos, especialmente en los de investigación, desarrollo y diseño. Agiliza y abarata la producción de prototipos. Pero sus aplicaciones a nivel de producción a gran escala o industrial son muy limitadas.

En construcción, la apuesta por la estandarización, la prefabricación o los sistemas modulares es ciertamente interesante, pues además de conseguir una mejora en la calidad del producto acabado, se logra un control del proceso que permite optimizar costes y recursos con desviaciones mínimas con respecto al diseño de partida. Además propicia el uso de energías limpias, el reciclaje y la reutilización de materias. Eso es algo incuestionable, y la tendencia es a avanzar en esa línea.

Pero las casas no las hace una impresora 3D gigante sacada de un laboratorio secreto de la NASA… La realidad es mucho menos romántica. Con limitaciones, una churrera gigante extruye un cordón de mortero, que levanta muros y tabiques, a los que hay que colocar cargaderos, refuerzos de armado y conductos de instalaciones, y luego una vez endurecido montar techos, aislamientos, trasdosados interiores, suelos alicatados, acabados, instalaciones, y un largo etcétera… y por supuesto, a la forma tradicional. ¿Más barato, rápido y mejor? Lo dudo. Eso sí, en 6 meses nos lo volverán a contar.

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