Sandman

“Imagino que cada uno recuerda algún sueño en particular, o al menos un momento en concreto, una sensación. 

Hace un tiempo terminé de leer la famosa obra de Neil Gaiman: Sandman. Se trata de una serie de cómics, o como les gusta llamar a algunos culturetas, una novela gráfica. En ella se nos presenta a nuestro protagonista, el mismísimo dios de los sueños: Morfeo, que es liberado de su prisión tras siglos encerrado, y ahora ansía recuperar su antiguo reino. Se trata de una historia compleja, llena de capas, de argumentos que se entrelazan, de cuentos para dormir, de esas historias que al terminar de leerlas, piensas: ni con una segunda relectura voy a ser capaz de entender ni el 10% de lo que el autor tenía en mente a la hora de escribirla.

Curiosamente sucede igual que en los sueños que tenemos cada noche, un amasijo de situaciones, personajes y escenarios que se entremezclan y que configuran una experiencia onírica ciertamente desconcertante. Imagino que cada uno recuerda algún sueño en particular, o al menos un momento en concreto, una sensación o una acción singular como podría ser caerse desde un escalón o volar como si fuésemos un superhéroe. Sin embargo, particularmente solo se me quedan marcados a fuego en la memoria aquellos sueños donde el escenario es memorable. Recuerdo un amplio espacio pero contenido, quizás del volumen de aire semejante al interior del Panteón de Agripa. En él aparecía una protuberancia en la pared gigantesca, era como la barriga de una ballena enorme, una curva convexa que tensaba el espacio de una manera increíble. Me impresionó tanto que no pude contenerme, me levanté corriendo de la cama a buscar un papel y un lápiz para inmortalizar la sección de ese lugar.

A veces es un detalle, una iluminación, un espacio sobrecogedor, pero otras muchas, mis sueños son un paseo arquitectónico por una casa que desafía todas las leyes de la física. La otra noche, por ejemplo, entré en una vivienda de un tamaño bastante humilde, comencé a traspasar habitaciones unidas todas entre sí sin pasillo alguno, eso sí, con escaleras, muchas escaleras y muy variadas. Parecía una mezcla de un dibujo de Escher y la house NA de Sou Fujimoto en Tokio. No sé qué hay realmente en mis pensamientos, pero sí que empiezo a conocer muy bien cómo se maneja mi subconsciente. Es simplemente un compendio de las rarezas perturbadoras que se asemejan a referencias pasadas y ambiciones futuras. Ojalá poder construir un sueño alguna vez, aunque sea en el mundo de los sueños.

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