Tiempos pretéritos

“Vestigios menores del pasado desperdigados que nos transmiten información incompleta de una historia de tiempos pretéritos

Hoy ha sido uno de esos días en los que ha tocado agarrar los bártulos y hacer una horita de carretera secundaria por un paraje precioso para tomar datos y medir al objeto de hacer un pequeño proyecto. Algo modesto y de poca entidad pero que nos ha regalado, a la llegada, un curioso descubrimiento.

El trabajo para el cual nos hemos desplazado, ejecución de unas contenciones afectadas por deslizamientos provocadas por las lluvias, nos ha ocupado durante un rato en la toma de datos pero al terminar, mirando al frente, en un precioso valle aterrazado con encinares al fondo, se eleva un torreón en ruinas bastante deteriorado que llama la atención. Su enclave a media ladera es curioso. Los torreones solían ocupar los altozanos u oteros con fines defensivos y de vigilancia.

Resulta ser que el torreón es el resto de lo que fue en su día una alquería nazarí, probablemente del siglo XIII y que dominaba el despoblado de Alhabia, del cual quedan algunos vestigios semienterrados. Quedan en pie los restos de sus 4 muros perimetrales de mampostería irregular, y la planta prácticamente cuadrada de lo que pudo ser una torre de unos 10 metros de altura. No se conservan ni forjados ni cubierta. Nos cuenta el cliente que hace un par de años se reunieron con Norman Foster para presentarle un proyecto de rehabilitación y puesta en valor de este monumento, el cual mostró interés, iniciándose una fase de búsqueda de financiación y de recursos que la pandemia dejó en vía muerta.

Este Torreón de Alhabia, a escasos 600 metros de Alcudia de Monteagud, es uno de tantos vestigios menores del pasado que hay desperdigados y abandonados por la geografía, y nos transmiten información incompleta de la historia de tiempos pretéritos.

Como le oí decir a Juan Gómez Jurado, las primeras filmaciones de los Hermanos Lumière marcan un auténtico horizonte de sucesos. Hasta la filmación de  “Obreros saliendo de la fábrica”, la percepción de la historia se apoya en un conocimiento del todo indirecto y muy condicionado por la visión artística y personal de los cronistas y artistas de la época, que han dado origen a las convenciones que hoy tenemos.

A pesar de que en los tiempos de Abbu-l-Abbas aún no se contaba con cinematógrafos, en las piedras que de forma meritoria han llegado hasta hoy sigue habiendo un relato  del pasado merecedor de una atención, si no del mismísimo  Sir Norman Foster, al menos de alguna mirada local que le dé una segunda oportunidad.

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