¡Vamos a morir todos!

“Hoy en día sigue habiendo una inmensa cantidad de viviendas que no reúnen ni las más básicas condiciones de salubridad y dignidad, sin por ejemplo una ventana en el dormitorio

Estamos a pocos días de que se cumpla un año de la entrada en vigor de la última modificación del CTE (Código Técnico de la Edificación) que, para los profanos y dicho de forma exigua, viene a ser el compendio de normas técnicas que definen las exigencias y prestaciones que han de cumplir las edificaciones, entre las que se encuentran de forma principal las viviendas, edificios administrativos, hospitales, colegios, o centros comerciales.

La novedad más significativa o pintoresca, es la nueva sección del documento dedicado a las condiciones de salubridad y que se denomina “Protección frente a la exposición al radón”. Y es que, al parecer acabamos de saber que vivimos en un constante peligro, que a partir de junio de 2020 nuestra magnífica maquinaria administrativa y reguladora se ha propuesto resolver de un plumazo.

Resulta, que en el subsuelo existen elementos muy malotes que tienen la fea costumbre de, en su larga vida de transformación radioactiva, emitir gas radón. Y resulta que ese gas en altas concentraciones puede estar relacionado con la aparición de casos de cáncer de pulmón en personas no fumadoras. Como quiera que en los sótanos y plantas bajas de las edificaciones la ventilación es menor, existe un mayor riesgo de concentración de gas radón, y por lo tanto un mayor riesgo para la salud.

Como no podía ser de otra manera, en la citada norma se ha incorporado un mapa de la península (sin Portugal, que ya se hará su mapita) e islas adyacentes, zonificando los municipios y clasificándolos en 3 tipos. Los que no tienen riesgo clasificado, la Zona 1, y la Zona 2 (que debe ser como Chernóbil, pero con toritos y sevillanas sobre las teles del salón).

Para las zonas 1 y 2, se plantean unas medidas encaminadas a proteger las nuevas edificaciones del pernicioso radón, que no sé cómo nos ha permitido llegar hasta nuestros días sin que nos salga un cuerno en la frente. La mejor, la “despresurización del terreno”, colocando un tubo que permita drenar el gas y sacarlo por la cubierta por una chimenea.

En paralelo podemos ver como hoy en día, sigue habiendo una inmensa cantidad de viviendas que no reúnen ni las más básicas condiciones de salubridad y dignidad, en las que viven muchas personas, sin por ejemplo una ventana en el dormitorio. Más le valdría a la administración ocuparse de resolver estos problemas en vez de complicar y encarecer con ocurrencias las edificaciones a las que cada vez menos gente tendrá acceso.

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