Vivir en tu obra

Quiso ser parte de la experiencia, como un proceso de aprendizaje y autocrítica de cara a futuros proyectos

Luis Barragán, uno de los principales emblemas de la modernidad de todo México, construyó su vivienda en 1948 y vivió felizmente en ella hasta el día de su fallecimiento en 1988. Se sentía tan cómodo que no hizo ninguna mudanza en esos 40 años. En su casa-estudio tenía todo lo que necesitaba: su hogar, su trabajo, zonas íntimas y zonas públicas, incluso llegó a comprar la parcela de enfrente para diseñar un jardín donde pasear por las mañanas. 

A lo largo de la historia, muchos han sido los arquitectos que han tenido la posibilidad de diseñar su propia casa, viviendas construidas ex profeso para sus propias necesidades. Le Corbusier levantó una pequeña cabaña en Roquebrune-Cap-Martin, Niza, para disfrutar de sus últimos días de vida frente al mar, Frank Lloyd Wright pasó gran parte de su vida en Taliesin, ubicado en Spring Green, Wisconsin, donde vivía y trabajaba junto a cientos de discípulos. Sin embargo, Mies Van der Rohe se alojó durante un tiempo en uno de los apartamentos del complejo de torres de Lake Shore Drive en Chicago. En este caso, no se trataba de una vivienda diseñada específicamente para él, sino más bien todo lo contrario, se alojó en una de los apartamentos que promulgaban un estilo de vida moderno muy dispar de lo convencional de aquella época, un rascacielos de acero y vidrio. Una forma de vida atrevida y que reflejaba su compromiso con los principios modernos y la vida urbana contemporánea. Quiso ser parte de la experiencia, como un proceso de aprendizaje y autocrítica de cara a futuros proyectos. Afortunadamente siguió trabajando en sus principios y consiguió desarrollar una arquitectura que, a día de hoy, es parte indispensable de la historia.

Pues bien, salvando drásticamente las distancias, me encuentro en un punto parecido al de Mies. Debido a circunstancias de la vida, dentro de un tiempo comenzaré a ocupar uno de mis proyectos construidos más importantes, tratándose curiosamente de mi ópera prima. Con apenas 27 años tuve la oportunidad de diseñar dos viviendas pareadas de promoción privada, sin conocer quienes serían los habitantes de esos espacios. Y, tras 5 años repletos de vida, el inquilino de una de las viviendas se ve obligado a mudarse de ciudad, dejándome la posibilidad de disfrutar o sufrir los conceptos arquitectónicos intimistas que tanto promulgaba en esa época. Estoy emocionado y acojonado al mismo tiempo.

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