Y sin embargo, se cae

“Como decía mi abuelo, hasta la cal de los tabiques aporta su resistencia

El pasado jueves 17 de junio, tuvo lugar el derrumbe parcial de un edificio de viviendas de 12 plantas en la ciudad de Miami. La noticia es de máximo impacto, tanto por el número de víctimas como por las espectaculares imágenes del suceso grabadas por cámaras de seguridad. A los ya no tan jóvenes irremediablemente habrá traído a su memoria el dramático colapso del edificio Azorín. El 15 de setiembre de 1970 se produjo el desplome completo de un edificio en construcción de 10 plantas, llevándose por delante la vida de 15 personas. Eran otros tiempos. Sin cámaras de seguridad, ni WhatsApp o Facebook para retransmitir a tiempo real el dramatismo de la situación, pero el paralelismo es incuestionable.

Estos días, he oído comentarios del tipo, “Pero ¿cómo construyen los edificios en Estados Unidos?” o “¿Cómo se puede caer de la noche a la mañana y sin avisar un edificio?”. Y para estas preguntas las respuestas se me antojan inmediatas. A la primera, mi respuesta sería, “pues más o menos igual que aquí”, y a la segunda, “pues cayéndose. Ni más ni menos”

Afortunadamente, el suceso es una singularidad en sí misma, y no ha de entenderse como un patrón o tipo representativo de la generalidad ¿Cuantos edificios hay en Estados Unidos? ¿100 millones?, ¿Cuántos edificios se caen sin avisar al año? Y lo que pasa en EE. UU. es extrapolable al resto del mundo. Al menos al civilizado.

Por suerte, los edificios tienden a no caerse, y a veces cuesta hasta entender por qué no lo hacen más a menudo. Décadas de uso sin buen mantenimiento, situaciones sobrevenidas como puedan ser terremotos, inundaciones, explosiones de gas, incendios, vicios ocultos por errores y fallos durante la ejecución, obras de reforma temerarias, o sobrecargas no contempladas en el diseño por cambios de uso… Y aun así, cuesta encontrar noticias de colapsos fatales. Me vienen a la memoria el derrumbe del edificio de la calle Princesa o el del salón de actos del colegio Sagrado Corazón, ambos en Madrid, pero me he tenido que remontar a los años 2001 y 2007.

Cuando se diseña y se construye, se hace a conciencia. Se emplean coeficientes de seguridad. Se minoran las resistencias y se mayoran las cargas. Se emplean sistemas redundantes, se controlan los procesos, y como decía mi abuelo, hasta la cal de los tabiques aguanta aportando su resistencia. Por eso el 99,9999% de los edificios no se cae. Lo que pasa, es que cuando cae ese 0,0001%, retumban los cimientos de todos los demás.

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